Hay una imagen que se repite cada año y que nunca deja de sorprendernos, somos cientos de ciclistas, caminantes, corredores, mini-ciclistas y sus familias, recorriendo por distintos circuitos las calles del barrio. Niños, niñas, jóvenes, familias, vecinos y vecinas, referentes de instituciones, docentes, artistas, feriantes nadie se lo quiere perder. Durante unas horas, las calles dejan de ser un lugar de paso para convertirse en un espacio de encuentro.
Hay una fuerza que, año tras año, nos invita a salir de nuestra comodidad, del encerramiento o las propias preocupaciones para encontrarnos. La Bicicleteada empieza mucho antes que el día en que acontece, se inicia cuando en las instituciones el deseo de prepararnos aparece casi como una necesidad. Empieza en cada conversación, en cada reunión, en cada invitación a sumarse, en cada mate compartido, en cada idea que encuentra lugar porque alguien está dispuesto a escucharla. Empieza cuando dejamos de pensar qué puede aportar cada uno por separado y en cambio nos preguntamos, qué podemos construir juntos/as. Y justamente en ese “estar juntos/as” es donde toma forma, poco a poco, la fuerza que nos mueve. Una fuerza que crece y nos reune como un abrazo, y que se expande como un remolino y nos sale al encuentro en cada esquina del barrio, ese que habitamos y recorremos todos los días.
Quizás por eso la palabra “encuentro” nos ayuda a pensar lo que pasó este año. Encontrarse es mucho más que reunirse. Es elegir un horizonte común. Es reconocerse parte de una comunidad y animarse a construir con otros una propuesta que ninguno podría sostener en soledad. Eso ocurrió durante la preparación de esta 17° Bicicleteada. Escuelas, organizaciones sociales, centros de salud, espacios culturales, clubes, grupos comunitarios y vecinos y vecinas fueron encontrando distintas formas de estar. Con el paso de los años, la participación fue creciendo y, con ella, también el sentido de pertenencia.
La Bicicleteada ya dejó de ser una actividad organizada por algunas instituciones para convertirse en un evento que el barrio reconoce como propio. Por eso este año, muchas instituciones se animaron a salir de su institución y compartir puntos de encuentro ( muchos en plazas), construyendo con otras una propuesta colectiva durante toda la tarde y no solo en el momento que pasara un circuito. Incluso hubo una nueva caravana que cruzó la ruta n°197 y atravesó varias cuadras como una fiesta en movimiento para llegar a El Campito. Todas estas acciones en simultáneo fueron materializando un espíritu común, con una gran variedad de aportes y propuestas, que nos motivaron a querer seguir haciendo más. Fuimos delineando así el verdadero sentido del encuentro: necesitamos encontrarnos y queremos hacerlo durante todo el año.
Así como llegamos al día de la 17° Bicicleteada y Caminata “La vuelta al barrio”, fruto de meses de encuentros, decisiones compartidas y vínculos que se van fortaleciendo, tomamos conciencia que la alegría que respiramos en este proceso no apareció por casualidad; nació del trabajo conjunto, de la confianza y del deseo de seguir construyendo comunidad.
El lema elegido este año, «Comunidad unida, esperanza en movimiento», no fue solamente una consigna para acompañar el recorrido. Todo el proceso reflexivo y de votación vivido, terminó expresando en parte lo que vivimos pero también lo que necesitamos. Cada institución pudo reapropiarse de esa esperanza como un clave para enfrentar este contexto donde muchas veces predomina el aislamiento, el individualismo y la incertidumbre. Encontrarnos es una forma de alimentar esa esperanza y que genera un piso muy valioso que nos sostiene. No se trata de una esperanza pasiva, que espera que las cosas mejoren por sí solas, sino una esperanza que se puso en movimiento para poder hacer en comunidad.
Aunque seamos muchos/as, trabajemos en distintos lugares, planifiquemos e imaginemos por separado, hay una convergencia en el proceso que permite que seamos parte de un mismo engranaje, que nos da sentido en el todo. Somos parte del mismo barrio, compartimos amistades, familias, inquietudes, problemas. Proponer un sentido de unidad que nos permita reconocernos en un mismo lugar para hacer algo en conjunto, quizás de eso se trate el encuentro. No de dejar de ser distintos/as, sino de descubrir que nuestras diferencias encuentran sentido cuando se ponen al servicio de un proyecto común. Cada institución, cada vecino/a, cada propuesta, que conserva su identidad, pero al encontrarse con otras hace posible algo que ninguno podría construir individualmente.
Cada Bicicleteada nos recuerda que la comunidad no se improvisa. Se construye, encuentro tras encuentro, decisión tras decisión, hasta que un día las calles se llenan de bicicletas y comprendemos que esa fuerza que empezó a gestarse mucho antes, terminó poniendo en movimiento al barrio entero. El proceso de este evento nos propone el desafío de seguir sosteniendo y fortaleciendo los vínculos para un horizonte común de todo el barrio.